10/07/05
Julio 13, 2007
gustafar
Nos despertamos a las 5 de la mañana porque el tren Sibelius que nos llevaba hasta San Petersburgo salía muy temprano. Tardamos unas siete horas, que aprovechamos para dormir. Hicimos una parada en la frontera rusa para la revisión de los pasaportes y visados, una de las militares llevaba el uniforme de verano, que se componía por una minifalda verde caqui y unas sandalias de tacón de camuflaje, un atuendo muy apropiado para salir corriendo detrás de algún indocumentado.
Comimos en el tren. Cuando llegamos a San Peteresburgo fuimos directamente al Hermitage. Un museo increíble, tan bonito por fuera como por dentro. Solo pudimos estar un par de horas, pero para verlo bien, se necesita medio día o más.
A la salida ofrecían artesanía, matruscas, huevos faberge…hay que regatear.
El resto de la tarde lo dedicamos a pasear e intentar cambiar algunos euros a rublos, ya que solo se pueden comprar allí, no los tienen en ningún banco extranjero.
Por la “noche” (por decir algo, porque no oscurecía hasta las doce de la noche y la una), fuimos a cenar a un restaurante ruso a degustar la “típica” comida rusa, compuesta por sopa de remolacha, cupito de vozca, ensalada y filete de ternera.
Hicimos un paseo nocturno por la ciudad en autobús, visitando la Virgen de Kazan, San Isaac, el Cristo de la Sangre Derramada, la avenida Nievski…
Entry Filed under: Báltico y Rusia
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